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jueves, 4 de septiembre de 2014

Contraluz (Alvear Art Hotel)

Fuimos a Contraluz en el marco de la Buenos Aires Food Week 2014, por lo que optamos por el menú preparado para esa ocasión. Era la primera vez que iba al nuevo Alvear Art Hotel (de hecho, no sabía que existía) y me pareció un edificio muy lindo, moderno, sofisticado pero con mucha onda. 
Contraluz es el restaurante principal del hotel, ubicado en la planta baja, al final del larguísimo hall de entrada que comienza con la recepción. Es un restaurante de hotel, y se nota. Particularmente, aunque está muy bien decorado, la atención es muy buena, etc, lo sentí poco cálido, poco acogedor. Me gusta más cuando este tipo de propuestas dentro de los hoteles están un poquito más aisladas, uno siente que está en un restaurante y se olvida del hotel y los turistas. Pero eso es un preferencia personal muy subjetiva. 
Sin dudas el lugar es muy lindo, está muy bien decorado, es sobrio y moderno a la vez, con recursos arquitectónicos destacables (como la escalera, y la galería enorme vidriada que de día debe ser increíble). El salón es muy grande, con muchísimas mesas, pero muy poco ruidoso. A pesar de que nos tocó una mesa muy cercana a otra, y eso no fue muy cómodo, en general el lugar es tranquilo y se puede hablar muy bien. 
Al haber ido con un menú cerrado, no podría opinar sobre la carta. Sin embargo, en base a lo que probamos, sí puedo decirles que la atención por el detalle es muy notable. Cada plato muestra la gran preocupación por la estética, al punto que, a la vista, parecen verdaderas obras de arte. A mi parecer, la decoración de los platos, lo visual, se lleva todos los premios.
Algo que me gustó mucho es el uso de muchos productos tradicionales, reconfigurados en texturas y preparaciones no habituales: espumas, polvos, cremas, etc. Personalmente me genera un desafío enorme tratar de identificar sabores muy conocidos en texturas que no son las comunes, y en este caso, me pasó bastante. Está muy bien logrado. 
El servicio es muy bueno y dedicado. 

Todo comienza con un amuse-bouche (un bocadito para "entretener" al paladar hasta que llega la comida) y una copa de recepción. En este caso se trató de una "croqueta de salmón en mayonesa de cítricos" y una copa de lo que estimo era aperol spritz (muy suave y delicado, estaba muy rico!).
De entrada probamos dos de las opciones: el Huevo mollet, faina con salsa romesco y el carpaccio de fillet mignon en costra de especias y semillas con aderezo oriental. Los dos platos eran verdaderas obras de arte, especialmente el huevo. No estoy muy segura de si estaba tan rico como se veía de lindo (no porque fuera feo, sino porque se veía demasiado bien!) pero valió la pena probar. El carpaccio  me pareció muy muy rico, con sabores algo cítricos pero especiados, suave, y muy bien acompañado de una ensalada fresca.
El plato principal me sorprendió un poco menos, aunque estaba muy bien logrado. Probamos el Braseado de ternera, papines en manteca de finas hierbas, ragout de hongos y judías y los Raviolis de langostinos, lima y eneldo, en fondo de crustáceos y tomates. La ternera  apenas la probé, pero puedo dar garantías de que se deshacía al cortarla con el tenedor. El braseado estaba en su punto justo, 
Los ravioli, que fue lo que comí, eran muy ricos, la salsa estaba muy bien lograda, con un muy buen equilibrio entre el (fuerte) sabor a langostinos y un tomate ácido que lo suavizaba. La decoración, nuevamente para destacar. 
De postre, pedimos la tarta de chocolate y peras con crema helada de caramelo. Con una base de masa quebrada de chocolate, la tarta estaba rellena de peras cocidas y bañada de una ganache de chocolate amargo. Una muy buena combinación. Un postre con mucho chocolate pero nada "chocolatoso". Las peras refrescan y cortan el dulce del chocolate, mientras el helado de caramelo aporta cremosidad.
Personalmente, el lugar me gustó mucho. No es el tipo de restaurante al que voy normalmente, y creo que la Buenos Aires Food Week permite el espacio para conocer este tipo de propuestas. Vale la pena aprovecharlo. Fuera de esta semana, no se si volvería. Aunque todo estaba impecable, no me rompió la cabeza como para pagar lo que vale una cena a la carta (que, estimo, está arriba de los 500 pesos por persona con vino).


viernes, 22 de noviembre de 2013

Ninina Bakery: entre lo tradicional y lo moderno, de generación engeneración

En gorriti 4738 (entre Malabia y Armenia) un nuevo lugar en Palermo marca la diferencia. Un antes y un después en todo lo que conocíamos de pastelería. Heredera de la antigua "Selvi casa de té", Ninina recupera la tradición de la pastelería de Marta Paglayan y la conjuga con un aire moderno y cosmopolita de la mano de sus hijos. 



Ninina abrió sus puerta el 19 de noviembre y casualmente, tuve la oportunidad de visitarla al día siguiente de la gran inauguración. Si tuviera que empezar a describirla como cualquier visita a un restaurante o bar, destacaría la decoración, ambientación, etc etc. Sin embargo, creo que lo que más quisiera destacar es la amabilidad de sus dueños y la excelente atención de las camareras. Detalles que invitan a pasar, quedarse y volver a ir. 
El lugar está ubicado en un edificio reacondicionado perfectamente para su fin, ambientado de manera sobria y a la vez cálida, discreto pero con "toques" que marcan la diferencia. Desde la marquesina en la vereda, Ninina marca su estilo. El salón es un espacio extenso y alargado donde reina una barra con una gran variedad de tortas con las cuales es imposible no tentarse (de hecho, nos dejamos llevar bastante por la tentación). La máquina de café merece una mención especial, además de ser la mejor del mercado, se adapta perfectamente a la decoración del lugar, blanca y cromada. Siguiendo la tendencia de muchos de los locales de este tipo, tiene mesas alargadas para compartir, algo que creo que todavía nos resulta extraño en Argentina, pero que cada vez va ganando más terreno. Lo más destacable para mi es, más allá de la pastelería, que al final del salón sólo un vidrio nos divide de la cocina.  
No sólo me pareció una muy buena estrategía arquitectónica (ya que el espacio parece mucho más grande) sino que creo que el detalle de ir viendo cómo se preparan las tortas in situ es sumamente interesante que aporta calidez y esa cosa de "hecho en casa" a la que nadie se resiste. Además, la cocina es tan linda, que amerita que la aprovechen para filmar programas de cocina, u organizar algún tipo de clase. Realmente es un detalle que a mi, que amo cocinar, ver como cocinan y comer lo que cocinan, me encantó.



Yendo directamente a la comida, en esta oportunidad fui con una amiga a merendar, así que probamos dos de las tortas de la carta con café con leche. Una de las tortas, la belevue, era una especie de mousse de limón muy cremosa, sobre un bizcocho húmedo y cubierta de frutillas como maceradas. Una delicia. Altamente recomendable para todos aquellos que evitan el chocolate "por ser muy pesado" y se comen 250 grs de manteca en una porción de stroissel de manzana porque "es más liviano". Para comer sin culpas, muy frutada y super fresca.  

La otra, un poquito más bomba (como me gustan a mí), eran capas de biscuit (algo más pesado y compacto que un bizcochuelo) super finito (que, para mi, era de almendras o nueces), intercaladas con una ganache de chocolate y cubierta con frutos del bosque. Generalmente estas tortas me desilucionan, porque suele pasar que las empapan en almíbares con saborizantes artificiales y no me gustan nada. Como en toda buena pastelería, esta no me dio tiempo ni a dudar. Qué decir? Exquisita. 

Para gordas como yo que aman comer, las porciones son más que abundantes (apenas pudimos terminarlas) y valen cada peso (no me pareció caro dada la calidad, cantidad, variedad y lo bonito del lugar).
Un detalle a destacar es el café. El blend estuvo a cargo de la gente de Coffee Town, un grupo de especialistas en café que preparan uno de los mejores cafés de Buenos Aires, desde la selección de los granos hasta el tostado y la bebida. Café que marca la diferencia entre tanta marca industrializada e importada. 
Ninina es un lugar para conocer. Ya sea para probar alguna de sus tortas o pasar a comer algo al mediodía (y cómo no tentarse con un postre?), estoy absolutamente convencida de que vale la pena. Imagino que el brunch de los fines de semana debe ser imperdible. Habrá que probarlo. 
Una bakery más en Palermo, pero no una cualquiera. Para pasar y disfrutar.


miércoles, 23 de octubre de 2013

Festival Raíz

El festival gastronómico organizado por el gobierno nacional en Tecnópolis no tuvo nada que envidiarle a los ya conocidos eventos palermitanos como Masticar y Buenos Aires Market, con el agregado de promover, además, la gastronomía y el turismo regional de todo el país. 


Fue mi primera vez en Tecnópolis y, después de haber escuchado comentarios a favor y en contra (como todo lo que tenga cierta relación con la política en este país), quedé impresionada. Y para bien. Es un predio enorme (enorme, enorme) con actividades que, aunque nos parezcan proselitistas, me resultaron sumamente interesantes para los chicos y cualquier visita escolar que se pueda organizar. Está claro que no es Disney World (y creo que tampoco se apuntó a eso), pero por lo menos no es la Ciudad de los niños (perdón por herir sentimientos pero siempre me pareció tétrica!). El lugar (ya dije que es enorme?) tiene distribuidos a lo largo y ancho distintos galpones muy bien diseñados que van representando una variedad de sectores productivos y "representativos" de Argentina. Además, cuenta con un sector disponible para exposiciones y presentaciones puertas adentro. Nobleza obliga, no entré a verlos en detalle, pero sí me quedé con las ganas de volver a ver que hay (y eso, creo que es algo bueno). 
Respecto a lo que nos interesa, Raíz me pareció estar muy bien organizado, ofreciendo todo lo que buscamos en estos lugares (y más) y sin nada que envidiarle a otras propuestas similares. Por supuesto, con algunos detalles a corregir a los que ya voy a llegar más adelante. 
La feria estuvo montada en puestos a lo largo de todo el predio donde se ofrecían distintas posibilidades. Por un lado, estaban los puestos de comida, esos a los que uno no se puede resistir y que, si pudiera, probaría alguna cosa de cada uno. La mayoría de ellos eran puestos de restaurantes, cuyos chefs representaban a la "nueva cocina argentina". La mayoría de los platos eran bastante simples pero abundantes para su precio (casi ninguno sobrepasaba los $40). En nuestro caso, elegimos probar la hamburguesa y las croquetas de jamón y queso de Aramburu (y charlar con el encargado del stand, muy copado!). De la mano de estos puestos, estaban también muchos de los restaurantes más conocidos de comidas "étnicas", que agruparon bajo la "feria de los inmigrantes y latinoamericanas". Tal vez por vivir en Palermo, o por haber ido a Masticar, esta no fue la parte que más me llamó la atención. 
Creo que lo más destacado de Raíz fue el sector de los fuegos. No sólo porque estaba muy bien montado, con parrillas y todas las distintas técnicas de cocción al fuego que se conocen, sino porque en los puestos estaban representadas las gastronomías regionales del país, sus diversas técnicas de cocción y las tradiciones heredadas de cada una de ellas. Nosotros atacamos el cordero cocinado al asador "a fuego lento", pero sin poder de sacarle los ojos de encima al curanto, una técnica de cocción utilizada por los mapuches en la Patagonia que consiste (a grosso modo) en enterrar las brasas, apoyar piedras para que se calienten sobre ellas, y ahí poner carne y verduras, taparlas con follaje de la zona y dejar que se cocine lentamente. Una experiencia que, si estás por el sur, no podés dejar de tener. 
Como todo esto había que bajarlo con algo, montaron un patio cervecero con productores artesanales de cerveza de todo el país. Acá hubo que sacrificarse, probar, y comprar souvenirs. 
Llegando al final del recorrido pasamos por la feria de productos regionales, donde se ofrecían una variedad de quesos, miel, aceitunas, embutidos y empanadas de distintas provincias. De ahí nos fuimos al mercado de productos argentinos, compuesto por stands de pequeños emprendimientos donde compramos dulce de leche, aceitunas, yemas, tés, etc, etc, etc... 
Otra de las cosas a destacar, es el mercado de productos naturales, con puestos de comida orgánica, raw y vegetariana (lejos de ser fundamentalista de estas movidas, me parece muy importante que existan y se difundan para ofrecer mayor variedad y opciones a la hora de comer y cocinar); y puestos de "viveros" de plantas orgánicas. De acá -en un intento desesperado de tener mi huerta en un departamento sin balcón- me traje una planta de tomate, otra de berenjena, brócoli y morrón. Veremos cómo evolucionan...
Uno de los problemas, o cosas que corregiría, es que algunos puestos quedaron muy aislados del centro de la movida. Al estar tan dispersos los puestos a lo largo de un predio tan grande, algunos quedaron un poco rezagados. Sobre todo porque el patio cervecero estaba muy cerca de la entrada, y todo más o menos giraba en torno a eso. 

Raíz me sorprendió para bien. Creo que encontraron el equilibrio justo entre el esnobismo palermitano de moda y lo tradicional argentino. La promoción de las rutas gastronómicas del país y la posibilidad de mostrar que hay gastronomía más allá de Palermo me pareció un gran acierto. La cocina es, sin duda, un sector económico que puede generar muchas ganancias, que tiene un potencial enorme como generadora de puestos de trabajo, y, principalmente, que puede tener un rol social que permita la inclusión de muchos excluidos. Celebro todas las ferias gastronómicas, todas las propuestas que incluyan promoción de productores locales y la posibilidad de comer rico. Sigamos con la movida así seguimos paseando y comiendo! 

Más fotos de Raíz acá!

martes, 15 de octubre de 2013

V Fiesta de la picada y la cerveza artesanal


 Seguimos por los recorridos por las ferias gastronómicas. Esta vez, en Uribelarrea, a unos 75 km de la Ciudad de Buenos Aires. Un pueblo muy chiquito, parte del partido de Cañuelas, que ofrece desde hace cinco años esta feria para que productores locales de la zona exhiban sus productos al público.





La feria está organizada de manera tal que uno pueda ir a pasar el día completo probando quesos, salames, comiendo asado, y, por supuesto, probando la gran variedad de cervezas artesanales que tienen. la llegada es algo complicada, ya que convoca a muchísima gente de los alrededores, haciendo que el tráfico sea un tanto tedioso. Nobleza obliga, todo estaba perfectamente organizado, tanto por seguridad vial como por los organizadores del evento. La llegada fue lenta pero muy ordenada. 


Una vez que pagamos los $5 pesos de la entrada (destinado a organizaciones sociales de Cañuelas), ingresamos al predio y encaramos directo a la comida (ya eran las 2 de la tarde, después de dos largas horas de viaje desde Palermo). El punto de partida fue un puesto de chorizo y bondiola a la pomarola (si, muy light, ¿y qué?). Un manjar.



Para bajar un poco empezamos a recorrer los pasillos de la feria (unos cuantos) donde se encontraban los puestos de quesos y chacinados, y donde, además, podíamos ir degustando los productos de cada uno. Un sector estaba ocupado por las estancias productoras de quesos, la mayoría de ellas de la provincia de Buenos Aires, especialmente de Cañuelas y aledaños.


Un dato a tener en cuenta, una de las estancias presentes era la de Mayol, que, además de sus quesos, tiene el dulce de leche más rico del planeta, blandito, natural, increíble! Si se lo cruzan dando vueltas por el sur de la provincia, no duden en probarlo, es un camino de ida. 




Como corresponde, trajimos algunos souvenirs obligados (y a muy buenos precios): un fontina y un reggianito excelentes y un frasco enorme de aceitunas.


Pasando al pasillo de los embutidos, probamos una suerte de "picada en brochette" con mortadela, salame, queso, jamón crudo y pancito caseros. Muy buena idea para probar de todo un poco y querer llevarse todo. 
Después de tanta comida, y mayormente salada, era indispensable pasar por los puestos de cerveza artesanal. Acá me sorprendió la cantidad de pequeñas cervecerías que hay en la zona! 

Todas ellas ofreciendo, como mínimo, tres opciones de cerveza (rubia, roja y negra) y otras tantas agregando sabores como miel, frutos rojos, etc, etc. sobre gustos no hay nada escrito, así que no voy a opinar sobre las cervezas (y, la verdad, es que no sé tanto como para evaluarlas, todas me gustan). 





Para honrar al lugar, nos trajimos una muestra de la cerveza "La Uribeña". Una de las cervecerías y restaurantes tradicionales de Uribelarrea, que ofrece distintas opciones en su menú "autóctono" en una mezcla de las tradiciones campestres al estilo de San Antonio de Areco y la herencia alemana. 
Sin duda, la fiesta de la picada y la cerveza artesanal es una gran idea de Cañuelas para dar a conocer a sus productores, acercarlos a potenciales clientes y estimular el desarrollo de economías locales. Para los que nos gusta comer, un lindo paseo y una gran experiencia para acceder a quesos y fiambres de calidad a un precio muy razonable.
Como no podía ser de otra manera, la noche terminó así:

jueves, 3 de octubre de 2013

Feria Masticar 2013

Nuevamente, en su segunda edición, llega la feria organizada por los cocineros más famosos (y mediáticos) del país. Desde hoy jueves 3 a las 14 hs y hasta el domingo 6 a las 23 hs, en el predio de El Dorrego.

El año pasado hizo furor, este año, con un día más, planea convocar muchos más visitantes (50.000 en los tres días que duró). Impulsada íntegramente por cocineros argentinos nucleados en A.C.E.L.G.A, plantea la importancia de valorar la gastronomía argentina, creando una identidad propia, a partir del consumo de productos locales. "comer rico hace bien" muestra claramente la importancia que se da a recuperar la cocina como espacio fundamental para el desarrollo de los más chicos, a través de una alimentación sana y variada. 
Como el año pasado, masticar ofrecerá distintos espacios para que todos los amantes de la cocina, la comida y el comer encuentren cómo entretenerse de diversas formas. Sin dudas, una de las principales atracciones es la posibilidad de acceder a platos de los restaurantes más importantes del país (y de sus cocineros estrella) a un precio moderado. Para este año la lista incluye: Beatriz Chomnalez para M Gallery, Crizia, Austria, Nucha, Kensho- Organico,Vegano Y Raw, Maru Botana, La Pata De Ternera, Kelo, Hong Kong Style, Elena, Masters Of Food And Wine By Maximo Lopez May, Pamela Villar, Mooi, Celi Gourmet, M Palermo, Italpast, Pablo Buzzo, La Crocanteria De Eat, Leopoldo, Oviedo Restaurante, Compañía De Chocolates, Festa, Farinelli, Purtatierra, Gajo, Bar Gran Danzon, Morelia Restaurant, Tegui, Cucina Paradiso, Boca De Lobo, Tierra De Fuegos, Rolling Chicken, Los Gordos, La Cabrera, Nomade, Paraje Arevalo, Sucre, Los Petersen Cocineros.
Además, la feria cuenta con un mercado de productores regionales ofreciendo las delicias gourmet (no es un regalo pero tampoco caro) de cada punto del país. Vale la pena darse una vuelta, llevarse un recuerdo y aprovechar para conocer a los productores y sus marcas para después buscarlos en las góndolas.
Y si después de comer y comprar recuerdos necesitas un trago, podés darte una vuelta por alguno de los túneles a probar vinos de las principales bodegas argentinas.
Sin duda, después de la experiencia del año pasado, MASTICAR es una visita obligada de este fin de semana.   

jueves, 18 de julio de 2013

De olivas ilustres

Hace mucho que quería conocer De olivas ilustres. Primo hermano de Enfundá la mandolina y de Dale perejil al toro, este lugar tiene una estética parecida, con alma de bodegón medio cocoliche pero con mucha onda.
La especialidad son las tapas, muchas de ellas usando productos regionales (de esos que ahora están de moda). Las porciones no son muy abundantes, aunque en la cantidad de platos uno termina bastante satisfecho. Eso sí, la presentación de los platos es excelente, muy original (servida en baldozas, mozaicos, chapas, copas y frascos) y divertida. La verdad es que no es un lugar que me encantó, pero sí creo que no está nada mal y que tal vez está bueno para ir con mucha gente y pedir una gran variedad de platos para probar cosas distintas.
La panera, merece una mención aparte. El pancito es buenísimo! Para arrancar nos trajeron pancitos con humus y queso crema con cebollita de verdeo. Muy bien para servicio de mesa.

Después arrancamos con un tapeo variado que no elegimos, sino que fue llegando uno tras otro (nosotros lo quisimos de esta forma): primero,  llegó una chapa alargada con dos palitos de brochette de carne picada rebozada con semillas de sésamo, mayonesa de morrón y papas fritas con mayonesa al alioli (me olvidé de sacarle foto). Rico, nada guauuu.
Después seguimos con un flan de choclo con compota de cebollas. El flan estab muy rico, algo excesivamente dulce para mi gusto, pero bueno. La compota de cebollas iba genial para cortar lo dulce.

 El siguiente paso eran aceitunas verdes rellenas con morrón, rebozadas y fritas con verduritas asadas (tomate, cebolla, berenjena y morrón) y clara de huevo. Pequeño (muy) pero rico.

De las aceitunas pasamos a un risotto de quinoa con hongos que estaba buenísimo (tanto que no llegué a sacarle foto). La quinoa muy bien cocida, cremosa y super sabrosa. Una de las cosas que más me gustó.

De ahí pasamos a unos bocaditos de zuccini con manzana y coco acompañados de una sopa de remolacha con crema agria. Esto no suele pasarme, pero no me gustó ni un poquito. La combinación de los bocaditos no "pega" ni un poquito. Y, como la remolacha de be ser una de las pocas cosas que no me gusta nada, la sopa no me pareció nada buena. La presentación, excelente.

Así como no me gustó el paso anterior, este me encantó. Era un ceviche acompañado de bocaditos de salmón ahumado con queso crema sobre una tostadita dulce y un chupito con camarones fritos. El ceviche estaba buenísimo y el salmón también. Los camarones, son buenos por sí solos, aunque creo que un langostino iría mejor...

El último paso era un poco más carnivoro. Un soufflé de queso con champignones, un ragú de osobuco y unas torrejas con morcilla, nueces y manzana.
 La verdad es que para este punto, a pesar del tamaño de los platos, me llené mucho. Lo del tamaño no es una crítica, entiendo que es mucho mejor que las porciones sean chicas para poder probar una variedad más amplia. No es caro, el lugar es muy lindo, está muy bien decorado, a pesar de que estaba lleno no es ruidoso y el servicio es excelente. Cada plato llegó en el momento justo en que terminamos el anterior. Creo que vale la pena darle una oportunidad, tanto para ir en pareja como para ir en grupo.



sábado, 13 de julio de 2013

Experiencia del fin del mundo

Claramente este no el tipo de lugar al que suelo ir, pero, de vez en cuando, no está mal darse algunos gustos. Era una noche de festejo y los acontecimientos ameritaban la selección. Experiencia del fin del mundo es uno de esos lugares que pueden intimidar, no sólo por su precio, sino también con que uno no sabe con qué se va a encontrar en los platos. Siempre existe el riesgo -en este tipo de lugares muy gourmet- de pagar una locura por platos en los que te quedas con hambre. Nada de eso. 
Experiencia del fin del mundo es realmente una experiencia. Desde la ambientación, hasta el servicio y la comida, cada paso en el menú hace que uno atraviese una experiencia distinta.
Empecemos por el lugar. Ambientado muy sobrio, con luces tenues y muy cálido. Genera una sensación de realmente estar comiendo en la cava de una bodega. Cada detalle de la decoración está calculado y muy bien pensado para crear un ambiente muy ameno e ideal para una salida tranquila.
Tal vez lo más destacable de todo sea la atención. Es INCREIBLE. Perdimos la cuenta de la cantidad de mozos que nos atendieron. Todos excesivamente correctos, amables, dispuestos a dar recomendaciones y explicar cada uno de los pasos de esta experiencia.
Sin dudas, la comida es EXCELENTE. La carta es bastante amplia para el tipo de lugar, con una variedad de opciones en la entrada, las carnes y las pastas. De más está decir que la carta de vinos tiene mucho más de lo que uno puede esperar. Ahora sí, les paso a detallar la experiencia…
Al sentarnos a la mesa nos trajeron una “panerita” (nada más alejado, era un recipiente hecho como una mini bolsa de arpillera de harina divina) con panes caseros, grisines de queso y chipa tibiecitos y caseros junto con una degustación de aceite de oliva de la bodega. Eso, acompañado de dos “bocaditos” de paté de ciervo ahumado envuelto en una feta muy finita de pepino en pickle, una delicia. Sí, eso, sólo era el comienzo… Además, nos trajeron para acompañar una copa de Newen Souvignon Blanc, que fue el vino que después elegimos para comer.

De entrada compartimos (así recomendaba la carta) el Prosciutto di Parma estacionado 16 meses, burrata, tomates cherry confit y rúcula. Creo que no me van a alcanzar las palabras para describirlo. El jamón crudo, con la grasa, la textura, el condimento, justos. Vino servido en una fuente muy grande, rodeando a la burrata (un queso italiano de crema y muzzarella híper cremoso y sabroso) y acompañado por la rúcula y unos tomates cherry confitados. Todo cubierto con aceite de oliva de la bodega y pimienta negra, y condimentado con un aderezo algo dulzón. No, realmente, no encuentro palabras. Con la entrada ya hubiera dicho que el resto de la cocina es excelente sin probar siquiera otro bocado. La cremosidad de la burrata con aceite de oliva, con el jamón crudo algo salado y lo dulce de la rúcula y los tomates fue la combinación perfecta.
Para los platos principales pedimos dos carnes de la Patagonia: el Lomo de Ciervo Neuquino, manzanas ahumadas y panceta con reducción de Malbec y el Carré de Jabalí, mollejas y puré de papas con ajos asados y membrillos. A mi, personalmente, me gustó más el ciervo. Así que por ahí voy a empezar. Ante la recomendación del mozo vino jugoso. En el punto justo de cocción. La carne era especialmente sabrosa, servida sobre las manzanas y la panceta, muy bien cocida y algo crocante por la cocción junto a la reducción de Malbec. Una delicia. Y, además, en las proporciones justas. La verdad es que después de la entrada, me costó terminar el plato principal, pero sólo hice el esfuerzo por lo rico que estaba. 
El carré de Jabalí vino servido sobre un puré de papas y acompañado por mollejas bien crocantes. Particularmente, me gustó más el ciervo porque el jabalí estaba un poco más duro, y con muchos más nervios que lo hacían un poquito difícil de comer.
Para cerrar, y no porque nos quedará siquiera aire para consumir algo más, sino porque imaginé lo que se venía, pedimos un postre. Como no puedo con mi naturaleza de gorda, pedí (eso sí, ¡para compartir!) el Tibio de chocolate, untuoso de chocolate y helado de vainilla en chaucha: Una mini tarteleta de chocolate, rellena de una ganache tibia de chocolate amargo, sobre una suerte de mousse de chocolate más suave y, para cortar, el helado de vainilla. ESPECTACULAR. Lo acompañamos con dos cortados de Nespresso  y unos petit fours que no pude resistir comer.
En conclusión, la Experiencia del fin del mundo es algo por lo que todos los que amamos comer, deberíamos pasar. Estoy segura de que no se van a desilusionar.
Aclaración: ante la sentencia de muerte recibida en el caso de que activara el flash de la cámara, no pude sacar buenas fotos. De todos modos, como quiero transmitir también por la vista la experiencia, las subo a facebook.




martes, 11 de septiembre de 2012

Fiesta de las Colectividades - Día del Inmigrante

El 4 de septiembre de 1949 se decretó la celebración del día del inmigrante en la Argentina en conmemoración de una disposición de 1812 que instaba a proteger a todos los individuos de cualquier nación que quisiera vivir en el país. En este marco se celebró la Fiesta de las Colectividades en el predio de la Dirección Nacional de Migraciones. 


El día estaba especial, soleado y algo fresco, ideal para estar afuera. Como amo las ferias, mercados, celebraciones populares, lo que sea que se haga en la calle y con cocinas improvisadas en carpas o puestos, supe que este fiesta iba a estar buena. Sabía que todos los años se celebraba la fiesta de las colectividades en Buenos Aires, pero nunca había ido. Esta vez me aseguré de no olvidarme, de no acostarme muy tarde ni con excesos encima y me comprometí conmigo misma a levantarme el domingo, sacar a mi novio de prepo e ir a almorzar por esos lares.
El predio de la Dirección Nacional de Migraciones resultó un lugar excelente para un evento de estas características. Había mucha gente, pero no de esas cantidades que molestan y que sacan las ganas de todo. Se montó un escenario donde cada una de las colectividades presentaba sus danzas y trajes típicos, que llenaba el lugar de música y colores. En cada una de las carpas, o stands,  se podían comprar artesanías o degustar platos típicos de cada lugar. Y acá es donde nos detuvimos. 
Shawarma a la dominicana
En el recorrido (y espero no olvidarme de ninguna) se encontraban en la entrada las carpas de Haití, sirviendo tragos y jugos de papaya, maracuyá, frutilla y ananá, entre otras frutas caribeñas. El stand de República Dominicana, ofrecía empanadas de yuca, cilantro y queso, y la versión dominicana del shawarma (de pollo), de lo dulce, tortas de chocolate y frutas.

Los stands de Perú (había dos), se llevaron todos los premios. Un "parrillero" preparaba anticuchos en el momento, que servían sobre yuca hervida y acompañadas de choclo. 
Anticuchos peruanos



Para seguir, había una gran variedad de platos criollos que se servían a más no poder, con mucho público de la comunidad peruana y unos cuantos otros que probaban de todo un poco: papas huancaína, papas rellenas, secos de pollo y de cordero, pollo a las brasas, pollo frito, ceviche y mucho más. De postre, infaltable: la leche quemada. Estuve a punto de probar los anticuchos, pero para cuando llegué ya no podía comer más nada. Y como suelo comer comida peruana bastante seguido en el Abasto, preferí probar otras cosas. De todos modos no dejé de pasar unas cuantas veces para ver la cantidad de platos que ofrecían.


Más cerca de la tarde, una señora freía constantemente "picarones": una suerte de buñuelo dulce hecho de camote (o batata) y bañado en miel de fruta (un almibar hecho con ananá, manzana, membrillo y otras frutas), para chuparse los dedos. 
Siguiendo el mapa de las carpas, toca el Congo, con brochettes de carne marinados (que no llegué a probar) y miel de jengibre que se vendía para llevar. Un poco más adelante, pero dentro del mismo continente, estaba el stand de Nigeria. Después de haber quedado totalmente fascinada con la comida etíope, tenía que probar lo que ofrecían los nigerianos. Además de la versión nigeriana del shawarma, los dos platos para probar eran el Steak Suya y Ngwo-Ngwo. 

El Ngwo-Ngwo es un  tipo de guiso que se prepara sólo para ocasiones muy especiales. Originariamente se preparaba con cabeza, seso y tripa de cabra. Hoy en día ya no se usa la cabeza sino otras partes de la cabra u otros tipos de carne, como el cordero. El ingrediente especial es el aceite de palma, que se usa para saborizar y dorar los vegetales.
Steak suya
El Steak Suya es una carne de cordero, marinada en una salsa de maní procesado con paprika, pimienta de cayena, jengibre y limón. A mi no me encantó, no por lo que era sino porque no estaba bien cocido, igual creo que vale la pena darle una segunda oportunidad.

De Nigeria a Alemania, donde a las tradicionales salchichas ahumadas con chucrut se sumó una pata de jamón ahumado cocido a la cerveza. Qué puedo decir? Una delicia. El jamón cocido sobre un colchón de cebollas y morrones embebidas en la cerveza  servidos en sandwich o al plato. Una exquisites. Obviamente, había que bajarlo con cerveza tirada. La cual conseguí en otro stand de los alemanes del Volga, helada y con gas, algo que no suele suceder en este tipo de eventos. 

Después de esto mucho más no podía comer, pero hice un esfuerzo y probé unas empanadas bolivianas de pollo que no tenían desperdicio. De masa bien amarilla, con papa, aceitunas enteras (con carozo) adentro y ese juguito que da pena que se chorree.

Siguiendo el recorrido encontramos los stands de Rusia, preparando blinis (suerte de "wafle" tradicional de la zona de Europa del Este que tradicionalmente se come con salmón y se condimienta con eneldo) salados y dulces, y kapusta, la salchicha con chucrut rusa, que, hasta donde me explicaron, tiene un modo de preparación distinto de la versión alemana, que lo hace menos ácido y fuerte.





En Grecia, la pastelería y el café se agotaron antes que nada después del almuerzo. El baklavá, postre de masa philo relleno con nueces y bañado en almíbar fue la estrella del stand.


El stand de Japón ofrecía "Teri-pan", un sandwich de pollo con vegetales bañado con salsa teriyaki. Hablando de Asia, lo llamativo es que no había un stand de China, siendo la comunidad tan grande en nuestro país.
A medida que se iba haciendo tarde, iba refrescando y hubo que apurarse para probar el resto de las cosas. El stand de Venezuela ofrecía sus arepas en distintas versiones, al igual que el de Colombia, donde probamos de las úlitmas empanadas de carne hechas con harina de maíz y, de postre, un mousse de maracuyá preparada al mejor estilo chocotorta (con galletitas de chocolate en el medio) que cerró mi día.
Por su puesto que no faltaron los puestos de las comunidades árabes. En el stand del Libano, las estrellas fueron el shawarma, fatay (las famosas empanadas), yabra (mezcla de arroz y carne envuelta en hoja de parra), y los postres tradicionales. Las empandas armenias (que cocinaban a la parrilla) se terminaron primero que cualquier otra cosa. Siguiendo el recorrido, y para no olvidarme de nadie, estaban los puesto de la comunidad albana; brasileña (vendiendo caipirinhas, coxinhas, feijoada y cocadas entre otras cosas); en Chile ofrecían empanadas, en Austria su propia versión de la pata de jamón ahumado, y, al lado, Polonia, ofrecía shots de vodka polaco. En Croacia, su propia versión de salchichas con chucrut
 México con sus tacos y nachos con queso que ya se ganaron un lugar en el paladar argentino (sobre todo el más jóven). Restan Uruguay con sus chivitos, Panamá con sus dulces y empanadas, Cuba y sus daikiris y habanos. La comunidad vasca también estuvo presente, la española y la italiana, donde -mal que me pese- las colas eran interminables para comer empanada gallega y pizza.
En un día que ayudó muchísimo, la fiesta fue realmente una fiesta. La oferta gastronómica fue mucha y variada. Festejar la diversidad de nuestro país, valorar las costumbres y cultura de quienes ayudaron y ayudan a construirlo día a día es lo que más deberíamos destacar de este tipo de celebraciones. Cuanto más grandes las diferencias, mayor la riqueza. En este sentido, la gastronomía cumple un rol fundamental. Hasta el más reacio a aceptar esas diferencias logra ablandarse al probar nuevos sabores y entender de dónde vienen y por qué son como son. Dar la posibilidad de acceder a esas culturas una vez al año (o tal vez más) es un buen camino para seguir avanzando, no sólo en la aceptación del otro y su cultura, sino también en la posibilidad de ir descubriendo nuevas experiencias que nos enriquecen individualmente.

El agradecimiento: a mi amor, que se anima a probar cualquier cosa conmigo y ya casi está entrenado como un excelente sibarita (y que lo saqué de la cama para acompañarme!)